Por Humberto Caspa Ph.D
Empezar a inculpar a alguien o
algún país por la osadía de Corea del
Norte no viene al caso. Algunos dirán
las Naciones Unidas no fueron lo
suficientemente fuertes contra el
autoritarismo del líder surcoreano Kim Jong II; otros incriminarán al gobierno
de Bush por su política arrogante y
por propagar inestabilidad en el
Medio Oriente y la región asiática;
alguien también sostendrá que China
le ofreció demasiadas ventajas a su
aliado comunista.
En parte, todas estos argumentos
son ciertos, pero no resuelve nada el
conflicto político-militar que acaba de
configurarse como resultado de la
aparente adquisición de armas
nucleares de Corea del Norte.
El fin de semana, el gobierno de Kim
Jong II autorizó la detonación de una
bomba nuclear en la localidad de
Hwaderi. Este evento supuestamente
pone a los norcoreanos dentro de la
elite mundial con armas letales.
En términos geopolíticos, la región
asiática sufre un desbalance militar
que puede comprometer su
estabilidad. Antes de este suceso, la
República Popular de China era el
único país de esa región con capacidad
nuclear. Beijing tiene
aproximadamente 130 cabezas
nucleares y un arsenal balístico de
largo alcance que, incluso, puede llegar
a tierras norteamericanas fácilmente.
De momento, el poderío militar de
China preocupó a Japón y a otros
países vecinos en la región asiática.
Empero, el gobierno norteamericano
les proveyó garantías, principalmente
a los japoneses, con quienes los chinos
tienen enemistades históricas por
muchos siglos. El compromiso
norteamericano-japonés incluye, entre
otras cosas, la utilización de armas
nucleares ante una eventualidad
belicosa con China.
Con la nueva adquisición militar de
Corea del Norte, el escenario
geopolítico en Asia sufre un
desbalance. Evidentemente el gobierno
norteamericano puede ofrecer
garantías para tranquilizar el estado
anímico de surcoreanos y japoneses,
pero es probable que los líderes de
estos países ya estén pensando en cultivar
sus propias bases nucleares para
controlar el avance norcoreano.
La osadía de Kim Jong II puede
haber debilitado el compromiso de
Japón y Corea del Sur de acatar el
acuerdo multilateral suscrito en las
Naciones Unidas de no-proliferación.
En este sentido, las disponibilidad de
gobiernos, como Japón y Corea del
Sur, de fomentar bases nucleares se
incrementa notablemente.
Después de todo Japón, después de
Estados Unidos, es la segunda
potencia económica, y tiene la
capacidad humana y los recursos
materiales suficientes como para
consolidar un proyecto nuclear en un
tiempo relativamente corto.
Por otra parte, Corea del Sur no tiene
la misma capacidad económica de
Japón, ni cuenta con materiales
radioactivos, sin embargo, posee una
tecnología de punta y recursos
humanos, los cuales son necesarios
para lograr un arsenal de este tipo.
Dado el asedio militar de Corea del
Norte en esta región, tanto japoneses
como sur-coreanos tienen todas las
condiciones políticas para justificar a
la comunidad mundial un programa
nuclear defensivo.
En este sentido, el gobierno
norteamericano encontraría serias
dificultades de impedir un proyecto
nuclear de sus aliados asiáticos.
Estados Unidos hizo muy poco para
disuadir que Inglaterra y Francia, dos
aliados suyos en la Segunda Guerra. |