Por Raúl Ramírez
Baena
Presidente de la Comisión Ciudadana
de Derechos Humanos del Noroeste,
AC
Mientras escribo esta columna, la PFP
y el Ejército han comenzado a intervenir
en Oaxaca para “poner orden y
restablecer la paz” en esa entidad.
Los gobernadores, senadores y
diputados del PRI, después de tantas
derrotas de su partido, en lugar de
aprender la lección que les ha dado el
electorado a partir del 2000 y de
rectificar en favor de los intereses de la
nación, medran sus posturas en el
Congreso a costa de Oaxaca. Hasta hoy,
su voto ha sido la “moneda de cambio”
que ha chantajeado a una fracción
panista inexperta y asustada con el
fantasma del “si cae Ulises por presión
popular, el que sigue es Felipe…”.
La falta de oficio político hace presa
fácil a los panistas de colmillo retorcido
de los Emilio Gamboa Pascoe (“va
pa’tras, papá”), Manlio Fabio Beltrones
(investigado en el pasado por
narcotráfico en los EUA), Elba Esther
Gordillo y demás. A éstos no les
interesa que el país se incendie si siguen
sacando raja del poder. Han conseguido
hasta hoy en el Congreso las mejores
posiciones manejando el asunto
Oaxaca, ¡siendo la tercera fuerza
política! Qué les importa Ulises Ruiz,
(des) gobernador de Oaxaca. Les
importa su sobrevivencia.
Las cosas en Oaxaca han llegado a tal
grado que hoy ya no es suficiente la
salida del gobernador o el regreso a
clases. El conflicto ya trascendió y exige
una solución de fondo a la marginación
y a la pobreza en esa entidad y el resto
del país, que son las causas
estructurales que detonaron el conflicto.
Eso requiere, indudablemente, del
cambio de las políticas económicas y
sociales neoliberales. Pero por los
compromisos contraídos por Felipe
Calderón en campaña para ganar a
como dé lugar y por las presiones de
que es objeto desde los poderes fácticos
que lo apoyaron, está difícil.
Oaxaca, hoy, es la representación
pura del hartazgo social, del cansancio
popular, de las promesas no cumplidas, de los
cacicazgos, los despojos y la
pobreza, desde Chiapas hasta Baja California,
desde Yucatán hasta
Tamaulipas. ¿Lo entenderán los yupies
del equipo cercano de Calderón,
nacidos y criados en sábanas de seda?
Si el conflicto no se ha destrabado es,
además de los chantajes del PRI, por la
ineptitud de Fox, por la inexperiencia e
insensibilidad del “gobierno del
cambio”. Hasta hoy, no hay un sólo
funcionario en el gobierno federal con
capacidad de negociación suficiente
para dar una salida política.
Vicente Fox es un factor clave que ha
impedido la solución negociada del
problema, que para él es LOCAL. Así
dimensiona los asuntos del país y no
quiere ser recordado como un
presidente represor. Pero vea usted,
después del recrudecimiento por la
muerte de 4 personas más este fin de
semana, entre ellos un camarógrafoactivista
estadounidense, anunció el
gobierno federal la llegada a Oaxaca de
la PFP y el Ejército, por más que quiso
alargar las cosas para endosarle a Felipe
la papa caliente. Con lo ocurrido hasta
hoy en esa entidad (otro Atenco, otro
mina Pasta de Conchos, otro
Siderúrgica Lázaro Cárdenas), Vicente
ya se manchó las manos de sangre.
Por su parte, los senadores nomás
hicieron el ridículo. Hicieron que se
retrasaran las negociaciones. Según
ellos, hay ingobernabilidad pero no
causales para la “desaparición de
poderes”. Con 12 muertos ya, entre
ellos un extranjero, no hay razón para
la desaparición de poderes. Hay
barricadas de la APPO por toda la
ciudad que se extienden a los pueblos
periféricos de Oaxaca y todos los días
las balean impunemente, pero no hay
condiciones para la desaparición de
poderes. La APPO impone justicia contra
presuntos delincuentes y no hay
desaparición de poderes. Ulises Ruiz no
puede presentarse en actos públicos
oficiales, pero no hay desaparición de
poderes.
La provocación funcionó. Los
muertos, obviamente, casi todos del
mismo bando: El pueblo. Y ya que e Estado fue
INCAPAZ de resolver el
conflicto (de corto plazo, la salida de
Ulises Ruiz; de largo plazo, detonar el
desarrollo y la democracia en la
entidad), viene el desalojo.
La
prudencia viene del lado de la APPO/
22: El regreso a clases, el retiro de las
barricadas y el llamamiento a no
enfrentarse a las fuerzas federales, a
pesar de lo imposible de contener a los
radicales.
Las noticias hablan de que el pueblo
oaxaqueño recibe de forma pacífica a
la PFP, con flores, carteles, cantando el
Himno Nacional y consignas contra la
ocupación policiaca de la ciudad. El
periódico Reforma entrevista a un
elemento de la PFP, que presume:
“¿Quiénes están más ‘perros’, los de
Atenco o estos ‘gueyes’ de la APPO?”.
Mientras muestra a los reporteros una
de sus balas de punta fina que barrena
al impactarse con el cuerpo provocando
que la víctima desangre. “Venimos a
limpiar Oaxaca”, dice orgulloso.
En el DF, el plantón de
oaxaqueños estalla y
son reprimidos.
Probablemente Fox se vista de luces.
Los empresarios, el clero y la clase
política le aplaudirán un posible
operativo “limpio” o con pocas bajas.
Habrá una bien estructurada campaña
mediática para avalar la intervención.
Un repudiado Ulises Ruiz se saldrá con
la suya. Pero el aprendizaje en la lucha
y la capacidad de organización de la
gente van a dar más, mucho más de que
hablar en el futuro, al pasar el
movimiento a otra etapa de lucha.
Felipe va a enfrentar, ahora, no sólo
sus propias presiones, sino también a
los movimientos de oposición que
encabezan Marcos y AMLO, a las guerrillas
del sur, al descontento social, a la
organización popular y a los ojos de la
ONU y la OEA puestos en las
violaciones a los derechos humanos en
México.
La gran pregunta es cómo va a
reaccionar ante lo que viene. … Al
tiempo. |