Por Eduardo
Grunvald, M.D.
El viento frío y las temperaturas
bajas nos hacen recordar que el verano
ha sido desplazado por el otoño. El cambio de temporadas le da la
bienvenida a la ropa más abrigadora,
una metamorfósis de colores de la
naturaleza, y anticipación de la
temporada festiva. Lamentablemente,
también es la temporada de la gripe.
La gripe —o influenza en términos
técnicos— es una infección
respiratoria, comúnmente propagada
por la tos, estornudos, y por contacto
cercano. Es difícil predecir
exactamente cuándo aparecerá la
enfermedad.
El temido germen puede atacar entre
los meses de octubre y marzo. Para
la mayor parte de las personas que
desafortunadamente caerán víctimas
del virus, significa la miseria: fiebres,
escalofríos, dolores de cabeza,
sudores, y dolores musculares.
Pero, ¿qué pasa con la gente con
sistemas inmunológicos que han sido
debilitados por enfermedad crónica,
medicamentos, cáncer, o la edad (ya
sea los muy pequeños o con edad
avanzada)? En éstas personas la gripe
puede ser mortal. Sus cuerpos no
pueden aguantar el estrés causado por
este invasor microscópico. De hecho,
cada año más de 35,000 personas
mueren en los Estados Unidos por
complicaciones relacionadas con la
gripe.
Cada año, los científicos investigan
vacunas contra diferentes tipos de
gripe. Sin embargo, el desarrollo de
vacunas es como un juego que trata
de predecir cuál será el tipo de virus
más probable de atacar en la próxima
temporada e imitar su “huella digital
molecular”.
Entonces, ¿quién debería vacunarse
contra la gripe?
Realmente, cualquier persona que lo
quiera, con la condición que haya
suficiente vacuna. Pero, ¿quiénes tienen
más probabilidad de desarrollar
complicaciones y sacar mayor ventaja
de la vacuna? Según pautas
publicadas por Centros de Control de
Enfermedad (CDC), las siguientes
personas tienen un riesgo aumentado
y deberían ser vacunadas:
• Niños entre los 6 meses y 5 años.
• Adultos mayores de 50 años.
• Mujeres que planean quedar embarazadas durante
la temporada
de gripe.
• Personas que tienen condiciones
mentales o neurológicas que
perjudican su capacidad de tragar o
usar sus músculos que controlan la
respiración.
• Personas con enfermedades
crónicas que requieren visitas médicas
regulares o internaciones, como diabetes,
enfermedades crónicas de
hígado, enfermedad de riñón, o
enfermedades de sangre.
• Personas con sistemas
inmunológicos debilitados por
enfermedad (leucemia, VIH/SIDA),
medicamentos (corticosteroides,
medicamentos para enfermedades
autoinmunes o recipientes de
trasplante de organos), o tratamiento
de cáncer.
• Personas con enfermedades
respiratorias como asma o enfisema.
• Niños entre los años de 6 meses y
18 años quienes tienen que tomar la
aspirina para ciertas condiciones
médicas (la combinación de la
aspirina y la gripe puede conducir a
una complicación seria llamada el
Síndrome de Reye).
• Personas que viven en clínicas de
ancianos u otras instalaciones de
cuidados crónicos.
• Estudiantes que viven en
dormitorios en contacto próximo con
otros estudiantes.
La gripe es altamente contagiosa y
por lo tanto aquellas personas que
están en contacto con gente que se
encuentran en cualquiera de las
categorías mencionadas arriba deben
ser vacunadas. Éstos incluyen:
• Trabajadores de asistencia médica.
• Empleados de instalaciones de
asistencia médica, incluyendo
hospitales, casas de ancianos, y otras
instituciones de cuidado crónico.
• Personas que cuidan o viven con
niños menores de 5 años.
• Personas que cuidan o viven con
gente mayor, frágil, o pacientes
enfermos.
Unos de los obstáculos a la
inmunización es el mito que la vacuna
puede causar la gripe. Esto es falso.
Las inmunizaciones funcionan porque
estimulan el sistema inmunológico,
causando fiebres leves, escalofríos, y
síntomas relacionados, pero esto no
es la Gripe. Hay que hacer notar |