Por José R. Uzal
El fraude electoral ocurre en las
democracias de Hispanoamérica pero
no en EE.UU. En nuestros comicios
no hay necesidad de observadores
extranjeros y las deficiencias que han
ocurrido han sido en su mayor parte
errores humanos los cuales son
corregidos inmediatamente.
Otros
problemas de mayor cuantía son
resueltos por el sistema judicial o por
legislación. La transparencia de
nuestro sistema electoral no ha estado
en duda a pesar de la debacle del año
2000. Desafortunadamente, los
tiempos cambian y la tecnología nos
ha proporcionado las máquinas
electrónicas de votación las cuales, en
su presente forma, ponen en tela de
juicio los resultados electorales.
Las
máquinas de votación electrónica son
tecnológicamente simples. El
problema se halla en la vulnerabilidad
de la programación. Los códigos
fuentes, donde se encuentra todo tipo
de oportunidad para alterar los
resultados electrónicamente sin peligro
de ser detectados, son propiedad de
los manufactureros, los cuales no
tienen obligación de revelarlos. Al no
dejarse ver los códigos de
Transparencia electoral
programación la transparencia de los
resultados siempre estarán en duda.
La Comisión de Asistencia a las
Elecciones, EAC por sus siglas en
Inglés, tiene a su cargo el certificar las
máquinas y otorgarle a los estados
billones de dólares en becas para que
éstos lleven a cabo estudios y otras
actividades que promuevan la
efectividad y transparencia de las
elecciones federales. El
presidente de
dicha entidad, le ha pedido que los
manufactureros de las máquinas
electrónicas de votación que le revelen
sus códigos de programación a los
oficiales electorales para que éstos
puedan analizarlos y añadió “el
revelar los códigos de programación
de las máquinas, línea por línea,
ayudaría a restaurar la confianza del
público en el proceso electoral”. Pero
el develamiento de los códigos fuentes
no es suficiente en sí mismo, tiene que
estar acompañado por programas y
máquinas cifradas que aseguren que
el programa que utiliza cada máquina
es el que esperan utilizar las
autoridades electorales. En menos de
2 semanas, se llevarán a cabo comicios
generales. El control de la Cámara y el
Senado, en manos de los
Republicanos, están en juego y las
encuestas y la opinión de los expertos
favorecen a los Demócratas. Un
resultado diferente crearía un
escándalo similar a lo que sucedió en
Venezuela con el referendo de Chávez,
en México con la elección de Calderón
y más recientemente en Ecuador donde
Correa, el candidato favorito, se ha
visto forzado a ir a una segunda
vuelta. Un resultado contrario a las
encuestas o las indagaciones de los
votantes al salir de las urnas, causaría
todo tipo de demandas legales,
acusaciones e investigaciones. Todo
esto se puede evitar de manera simple
y tecnológicamente factible.
Los manufactureros de las
máquinas de votación usan
básicamente dos programas, uno para
votar y otro para tabular los
resultados. Los supervisores de
elecciones usan el sistema de muestras
al azar (random sampling para los
spanglish parlantes) para verificar los
resultados. Este sistema es excelente
para determinar defectos en líneas de
producción pero totalmente ineficaz
para encontrar problemas en sistemas
exactos como lo son los programas de
computación. Si el
programa usado no está cifrado
(encrypted para los spanglish
parlantes) para que produzca un
número único que lo identifique, no es
posible determinar si el programa que
usa la máquina es el mismo que
seleccionó el Supervisor de Elecciones
o si es el programa en uso en otra
máquina en el mismo colegio electoral.
Al cifrarse el programa y producir un
número único se puede verificar
mediante un simple dispositivo si el
número en la máquina coincide con el
número del programa correcto.
Cualquier alteración al programa, por
minúscula que fuese, arrojaría un
número diferente. Lo mismo sucedería
con los programas de tabulación. Una
vez que se determine el programa en
uso, el código de programación se tiene
que hacer público para que los
expertos lo estudien. Australia, India
y Nueva Zelanda y varios países
europeos usan este sistema.
Los programas que controlan la
votación y la tabulación son simples y
la mayoría de los manufactureros usan
productos de consumo de bajo nivel
tales como Windows NT y Microsoft
Access.
Hoy en día los manufactureros
solo les proporcionan a los
Supervisores de Elecciones el número
de la versión que usan. No hay que ser
experto en informática para
comprender la oportunidad de fraude
que existe en este proceso como se está
llevando a cabo. Las máquinas no son
el problema, es la forma de
implementar la tecnología es lo que
causa incertidumbre. La transparencia
de nuestros comicios se puede
garantizar con el simple proceso de
cifrar el programa que se va a usar y
obteniendo un dispositivo de un
abastecedor independiente para
verificar que el programa de votación
en uso es el aprobado por Supervisor
de Elecciones.
El proceso de votación
electrónico demanda balance y
verificación entre los manufactureros,
las autoridades electorales y
científicos independientes. Faltan
pocos días para los comicios y no hay
tiempo para implementar las
correcciones necesarias, solo nos queda
esperar los comicios y sus resultados.
Sin transparencia electoral nuestra
república no funciona. |