Por
Humberto Caspa, PhD.
La pobreza, la criminalidad, el hampa
y el caos social que afecta a muchas
zonas metropolitanas del país son
productos de un proceso de
marginación económico que castiga
sistemáticamente a los de abajo y beneficia
a los de arriba. La precariedad y
el problema en las cárceles de Los Angeles,
por ejemplo, es una extensión
de dicha marginación.
Todo empezó a inicios del mes de
Febrero, cuando una trifulca de 2000
presos de un reclusorio del norte de Los
Ángeles produjo la muerte de un
presidiario de raíces negras. Esta
semana, otro altercado motivó la
deceso de otro preso negro.
De acuerdo a fuentes periodísticas,
hubo 58 homicidios durante el presente
año, y muchos de ellos están
relacionados a las pandillas. Esas
mismas fuentes calculan que tres personas
mueren a diario, desde el año
nuevo.
La policía de Los Ángeles argumenta
que el problema se inició con una orden
de jefes de pandilleros latinos, quienes
aparentemente habían sufrido la muerte
de uno de los suyos por parte de otro
grupo de pandilleros negros. El sheriff
Lee Baca y otros líderes policiales
subrayan que es una cuestión de
venganza y racismo. ¡Qué poca idea
tienen de lo que sucede!
El problema que se presenta en las
cárceles es mucho más grave de lo que
se explicita. Evidentemente, como
hacen notar algunos medios de
comunicación, la situación en los
centros penitenciarios es una extensión
de los problemas sociales que se
presentan en los barrios latinos y el
“hood” de los negros. En consecuencia,
las peleas entre los grupos pandilleros,
la pobreza, el incremento del hampa y
la criminalidad en estas zonas son
productos del abandono de las políticas
del gobierno local, que ha dejado la
resolución de los conflictos sociales a
la “mano invisible” del mercado o a un
sector empresarial que nunca le ha
importando resolverlos.
Mientras el gobierno local no
intervenga, a través del apoyo
económico a organizaciones no
lucrativas especializadas o
directamente por medio de agencias
gubernamentales, la precariedad en las
calles de los barrios latinos y de negros
continuarán.
Lo que pasa en Los Ángeles me
recuerda mucho, aunque todavía yo no
existía, lo que aconteció durante la
década de los 20 en Nueva York. En
ese periodo, las diferencias económicas
de los diversos grupos sociales se
incrementó notablemente a raíz de las
políticas de laissez faire o comúnmente
llamadas de libre mercado.
Nueva York se polarizó. La pobreza
se extendió diametralmente en las zonas
urbanas, aumentado los índices de
criminalidad y los otros males sociales
que acompañan normalmente a la
miseria. Mientras tanto, un grupo
pequeño lucraba con la explotación de
las masas neoyorquinas. Las
diferencias fueron tan graves que
finalmente explotó con la caída de la
bolsa de valores en 1929, y
consiguientemente sobrevino la Gran
Depresión.
Entonces, no es ninguna casualidad
que el héroe mitológico de Batman haya
sido creado a fines de la década de los
1930. Su progenitor, Bob Kane, fue
testigo de ese debacle económico durante
su adolescencia y experimentó en
carne propia la Gran Depresión y los
años de desigualdades sociales que la
precedieron.
Las políticas intervensionistas del ex
presidente Franklin D. Roosevelt
pusieron fin a la Gran Depresión y
también resolvieron el problema de la
pobreza. Uno de sus grandes logros fue
crear trabajos a través de recursos
nacionales en zonas donde el poder del
mercado nunca se atrevió a invertir. Se
edificaron escuelas, centros de
salubridad y se crearon zonas
comerciales en lugares abandonados.
Los pobres se levantaron como por arte
de magia y los males sociales también
desaparecieron. |