La posibilidad de que el Congreso
endurezca las leyes de inmigración ha
despertado una idea de la
desobediencia civil en iglesias y
sinagogas que recuerda al Movimiento
Santuario que, en los años 80, dio
amparo a miles de refugiados
centroamericanos.
El cardenal de Los Ángeles, Roger
Mahony, ya ha proclamado esta
Cuaresma como un tiempo para la
reflexión sobre la instrucción de Jesús:
“...porque tuve hambre, y me dísteis de
comer; tuve sed, y me dísteis de beber;
fui forastero, y me acogísteis...”.
El llamamiento a la conciencia de las
personas religiosas responde a los
actuales intentos del Congreso de
endurecer las leyes de inmigración
hasta el punto de declarar delincuentes
a los 12 millones de inmigrantes
indocumentados que viven en Estados
Unidos.
Las leyes aún están en proceso pero,
según han indicado tanto Mahoney
como el también cardenal Theodore
McCarrick, si se aprueban, darán
instrucciones a sus sacerdotes y a
todos los católicos para que desafíen
la ley.
El llamamiento no ha pasado
desapercibido.
El diario The New York Times publicó
esta semana un editorial en el que indica
que “la declaración de solidaridad
de Mahony con los inmigrantes
indocumentados, para quienes todos
los días son Cuaresma, es un
sorprendente llamado a la
desobediencia civil, tan valiente como
oportuno”.
“Desde hace mucho tiempo que no
se escucha en este país un llamado
para la transgresión organizada de las
leyes en esta escala”, agregó el diario.
En la misma línea, dirigentes
católicos, protestantes, evangélicos y
judíos formularon esta semana en
Washington una llamada para que el
Congreso apruebe una reforma
“humana” de las leyes de inmigración.
“Estamos dando instrucciones a los
párrocos para que sigan ayudando a la
gente que no está en situación legal”,
dijo McCarrick, arzobispo de Washington.
De hecho, en los últimos tres años
se han multiplicado las labores de
iglesias y de grupos religiosos que
desde el sur de California hasta Texas
ofrecen ayuda a los inmigrantes que
cruzan la frontera ilegalmente y se
arriesgan a caminatas por áreas
agrestes o desérticas.
James H. Walsh, un ex abogado del
servicio de inmigración estadounidense,
dijo que “quienes entran ilegalmente en
el país pueden ser acusados de un
delito federal menor, pero ayudar y
acoger a los inmigrantes dentro de
Estados Unidos es un delito federal
mucho más grave”.
“Quienes dan esa ayuda violan las
leyes de inmigración”, añadió. “Con su
desafío a las leyes, socavan la
república, gobernada por el voto de sus
ciudadanos. Estados Unidos es una
nación de inmigrantes, pero inmigrantes
que juren lealtad a la bandera de
Estados Unidos y no a otras”, dijo
Walsh.
La incipiente desobediencia civil, que
podría generalizarse si el Congreso
criminaliza la inmigración ilegal, tiene
un antecedente cercano en el tiempo
en el Movimiento Santuario, que se
inició en 1982 en Tucson (Arizona), y
otro más remoto en el “tren
subterráneo” que antes de la
emancipación de los esclavos en 1865
ayudaba a los negros que huían de los
estados esclavistas hacia el norte.
En marzo de 1982, un puñado de
dirigentes religiosos de Tucson encaró
la posibilidad de ir a prisión desde que
ofreció santuario a los
centroamericanos que huían de las
guerras civiles en sus países.
El Movimiento Santuario llegó a
contar con la participación de casi 700
iglesias católicas, protestantes y
evangélicas, y sinagogas en todo el país
que amparaban a los emigrantes, les
daban alimento y ropa y los ayudaban
a trasladarse a diferentes ciudades. |