Por Luisa Fernanda Montero
Nadie ha osado ser tan optimista,
pero por si acaso, durante el discurso
sobre el estado de la Unión el
presidente George W. Bush dejó claro
que de amnistías, nada.
El mandatario le dedicó tiempo
al
tema migratorio, no tanto como algunos
esperaban, pero lo hizo y lo hizo en el
marco de lo que implica sostener la
competitividad de los Estados Unidos.
Según él sostener la
competitividad
del país comienza con el sostenimiento
económico, que también según él, ha
tenido la nación en los últimos años;
sigue, entre otras cosas, con la urgencia
de abrir más mercados internacionales
y con la necesidad de tener un sistema
migratorio que respete la ley, refleje los
valores nacionales y sirva, por
supuesto, a los intereses de la
economía nacional.
Así que todo va ligado, ley,
economía,
inmigración.
Cabe preguntarse si con su
labor
diaria, extenuante y muchas veces
extralimitada, los inmigrantes sirven, o
no, cada día, al sostenimiento y
desarrollo de la economía nacional.
El discurso sigue y el
presidente
asegura que esta nación, necesita
fronteras seguras y ordenadas y que
para alcanzar esa meta debemos
aplicar más estrictamente las leyes
migratorias y de protección de la
frontera.
Está claro que ninguno de los
terroristas que atacó el país el 11 de
septiembre ingresó a los Estados
Unidos por la frontera
Méxicoestadounidense,
sin embargo las
tendencias radicales que pretenden
instalar muros interminables parecen
seguir ganando adeptos porque el
presidente debió interrumpir su
discurso, una vez más, ante el aplauso
ensordecedor que siguió
inmediatamente a la palabra “frontera”.
Para terminar, lo que a
inmigración
se refiere, el presidente habló de la
necesidad de “un programa sensato y
humano de trabajadores invitados”.
No todo podía ser tan negro,
la
alusión a la sensatez y a la humanidad,
pareció llenar el recinto de luz, pero la
dicha duró poco. Bueno, la de algunos
porque cuando se habló de sensatez y
de humanidad nadie aplaudió.
La cosa es que acto seguido el
presidente remató aclarando que dicho
programa debía rechazar la amnistía y
permitir a las personas que busquen
sus trabajos legalmente, trabajar en
este país.
Puede que la cuestión sea de
retórica,
pero la verdad es que quienes trabajan
legalmente, no tienen mayor problema
y al parecer, por suerte, no lo van a
tener.
Pero, sin querer ser pesimista,
lo
cierto es que las intenciones
presidenciales para con los más de 11
millones de inmigrantes
indocumentados no son muy claras.
El presidente habló también de
reducir, a través de dicha reforma, el
crimen y el contrabando en la frontera,
por lo que también fue aplaudido; había
que aplaudir, claro, no podemos olvidar
que las mayores víctimas de ambos
flagelos son los inmigrantes.
Como era de esperarse, la
democracia, la libertad y los valores
nacionales no se quedaron por fuera del
discurso presidencial, en el que por
demás no hubo demasiadas sorpresas.
El presidente comenzó apelando
al
corazón y a la dignidad nacional de los
presentes, refiriéndose a la muerte de
Coretta Scott King y abrió la puerta de
la conciliación aclarando que en un
sistema bipartidista, las diferencias
siempre han de estar presentes, pero
que el debate puede conducirse con
cordura, actuando con un espíritu
conciliador y de respeto. |