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Vol. 6 No. 231

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Opinión

Inmigrantes: entre el optimismo y la incertidumbre

Por Luisa Fernanda Montero

Nadie ha osado ser tan optimista, pero por si acaso, durante el discurso sobre el estado de la Unión el presidente George W. Bush dejó claro que de amnistías, nada.  

El mandatario le dedicó tiempo al tema migratorio, no tanto como algunos esperaban, pero lo hizo y lo hizo en el marco de lo que implica sostener la competitividad de los Estados Unidos.  

Según él sostener la competitividad del país comienza con el sostenimiento económico, que también según él, ha tenido la nación en los últimos años; sigue, entre otras cosas, con la urgencia de abrir más mercados internacionales y con la necesidad de tener un sistema migratorio que respete la ley, refleje los valores nacionales y sirva, por supuesto, a los intereses de la economía nacional.  

Así que todo va ligado, ley, economía, inmigración.  

Cabe preguntarse si con su labor diaria, extenuante y muchas veces extralimitada, los inmigrantes sirven, o no, cada día, al sostenimiento y desarrollo de la economía nacional.  

El discurso sigue y el presidente asegura que esta nación, necesita fronteras seguras y ordenadas y que para alcanzar esa meta debemos aplicar más estrictamente las leyes migratorias y de protección de la frontera.  

Está claro que ninguno de los terroristas que atacó el país el 11 de septiembre ingresó a los Estados  

Unidos por la frontera Méxicoestadounidense, sin embargo las tendencias radicales que pretenden instalar muros interminables parecen seguir ganando adeptos porque el presidente debió interrumpir su discurso, una vez más, ante el aplauso ensordecedor que siguió inmediatamente a la palabra “frontera”.  

Para terminar, lo que a inmigración se refiere, el presidente habló de la necesidad de “un programa sensato y humano de trabajadores invitados”.  

No todo podía ser tan negro, la alusión a la sensatez y a la humanidad, pareció llenar el recinto de luz, pero la dicha duró poco. Bueno, la de algunos porque cuando se habló de sensatez y de humanidad nadie aplaudió.  

La cosa es que acto seguido el presidente remató aclarando que dicho programa debía rechazar la amnistía y permitir a las personas que busquen sus trabajos legalmente, trabajar en este país.  

Puede que la cuestión sea de retórica, pero la verdad es que quienes trabajan legalmente, no tienen mayor problema y al parecer, por suerte, no lo van a tener.  

Pero, sin querer ser pesimista, lo cierto es que las intenciones presidenciales para con los más de 11 millones de inmigrantes indocumentados no son muy claras.  

El presidente habló también de reducir, a través de dicha reforma, el crimen y el contrabando en la frontera, por lo que también fue aplaudido; había que aplaudir, claro, no podemos olvidar que las mayores víctimas de ambos flagelos son los inmigrantes.  

Como era de esperarse, la democracia, la libertad y los valores nacionales no se quedaron por fuera del discurso presidencial, en el que por demás no hubo demasiadas sorpresas.  

El presidente comenzó apelando al corazón y a la dignidad nacional de los presentes, refiriéndose a la muerte de Coretta Scott King y abrió la puerta de la conciliación aclarando que en un sistema bipartidista, las diferencias siempre han de estar presentes, pero que el debate puede conducirse con cordura, actuando con un espíritu conciliador y de respeto.

 
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