Por Javier Sierra
A todos les habrá llegado el
tufo a
podrido procedente de Washington, DC.
El cabildero republicano Jack Abramoff,
quien se declaró culpable de varios
crímenes, parece ser sólo la punta del
iceberg de una de las peores oleadas
de corrupción en la historia del gobierno
federal. Parece que de la cúpula del
Capitolio se ha colgado un cartel que
dice: “Se Vende al Mejor Postor.”
Parte de este hedor proviene
de la
oficina de uno de los representantes
más poderosos de la Cámara Baja, el
republicano por California Richard
Pombo, uno de los peores enemigos
del medio ambiente y de los intereses
de la comunidad latina.
Desde su privilegiada posición
como
presidente de la poderosa Comisión de
Recursos, Pombo ha declarado la
guerra contra el agua, el aire y los
entornos naturales —el patrimonio de
todos y la herencia más rica que
recibirán nuestros hijos.
Pombo —un descendiente de
inmigrantes portugueses, y por tanto,
miembro de la comunidad latina— se
adhiere al concepto de que la política
es el arte de convencer a todos para
poder beneficiar a unos pocos. Y su
larga lista de atrocidades contra el
medio ambiente así lo demuestra.
Este terrateniente del Valle
de San
Joaquín, California, ha lanzado una
ofensiva por acabar con la prohibición
del uso de uno de los pesticidas más
tóxicos que se conocen, el bromuro
metílico. Si Pombo se sale con la suya,
decenas de miles de braceros hispanos
quedarán expuestos a los mortales
efectos de este veneno, incluyendo
cáncer y defectos de nacimiento.
Además, el bromuro metílico es
un
devorador de la capa de ozono, la que
nos protege contra los rayos nocivos
del sol.
En 2005, Pombo intentó poner a
la
venta 15 parques nacionales —terrenos
públicos que a todos nos pertenecen—
para “reducir el déficit federal”.
Usando trucos legislativos más
propios de un tahúr que de un servidor
público, está tratando que las costas del
país y el Refugio Artico Nacional de Vida
Silvestre —uno de los pocos tesoros
naturales prístinos que quedan en
nuestro país— se abran a devastadoras
explotaciones petroleras y de gas.
Por medio de otro apaño, en
diciembre Pombo implantó una oscura
cláusula en el presupuesto federal que
hubiera permitido poner en venta
millones de acres de terrenos públicos
a precios ridículamente bajos a
urbanizadores, compañías mineras y
otros intereses industriales.
Desde que llegó al Congreso en 1994,
Pombo se ha propuesto desmantelar la
Ley de Protección de Especies en
Peligro —la misma que ha salvado de
la extinción a cientos de especies
animales y recuperado otras como el
águila calva y el oso grizzli— dejando
des-protegido su hábitat natural.
Todas estas iniciativas de
Pombo, y
varias más, contradicen de plano los
valores de la comunidad latina. Según
un estudio de la revista Time, el 87%
de los latinos cree que el medio
ambiente es un tema muy o
extremadamente importante. Otra
encuesta realizada en el suroeste del
país por Bendixen & Associates indica
que el 71% de los latinos cree que
preservar la naturaleza es un valor no
solamente familiar sino también
religioso.
Increíblemente, Pombo insiste
que
sus propuestas legislativas tienen un
solo propósito, proteger al débil. Pero
si revisamos quiénes son sus donantes
y benefactores —compañías petroleras
y de gas, conglomerados agrícolas,
casinos y empresas de bienes raíces—
no es de extrañar que el grupo
Ciudadanos por la Responsabilidad y
la Etica en Washington lo haya
nombrado uno de los políticos más
corruptos de la capital.
Según documentos obtenidos por
el
diario Los Angeles Times, Pombo supo
cómo devolver los favores de su protector,
Tom Delay, el ex líder de la
mayoría republicana de la Cámara Baja,
ahora envuelto en un intenso escándalo
de corrupción. Usando su poderosa
posición, Pombo logró que se
suspendiera la investigación federal que
le hubiera costado $300 millones en
multas a un donante de su campaña y
amigo de Delay, el millonario texano
Charles Hurwitz.
Pombo resulta ser también un
compadre de Abramoff. Después de
aceptar contribuciones de este corrupto
cabildero, Pombo se negó a que su
comisión se uniera a las investigaciones
federales de venta de influencias de
este criminal confeso.
El poder absoluto corrompe
absolutamente. Y a juzgar por el tufo
de corrupción procedente de su oficina
del Congreso, este es el caso del
Representante Pombo. Tan intenso es
el hedor que todo parece indicar que
finalmente ha llegado a su distrito electoral.
Javier Sierra es columnista del Sierra
Club. Para más información visite
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