El gobierno del presidente
George W.
Bush ha decidido endurecer su posición
con China a raíz de su enorme déficit
comercial, y entre las medidas que
estudia figuran presentar demandas
contra el gigante asiático en relación a
autopartes y la piratería de derechos de
autor, y acusar al gobierno de Pekín de
manipular su divisa.
Pero muchos consideran que esa
línea dura no tendrá mucho impacto, al
menos en el corto plazo, para reducir
el gigantesco déficit, que alcanzó en el
2005 el récord de 726,000 millones de
dólares.
De ese déficit, una cuarta
parte,
202,000 millones de dólares, proviene
del comercio con China.
Esa cifra causó una oleada de
protestas en el Congreso. Los
legisladores acusan a Bush de no hacer
lo suficiente para frenar lo que
consideran injustas prácticas
comerciales chinas, que habrían
contribuido a la pérdida de casi tres
millones de empleos en el sector industrial
desde mediados del año 2000.
Varios legisladores
introdujeron una
serie de proyectos de ley para castigar
a China con sanciones económicas.
Con la esperanza de
interceptar esos
proyectos, el gobierno divulgó la
semana pasada su propia estrategia
para lidiar con China. Se trata de un
documento de 29 páginas donde se
propone un examen “de cabo a rabo”
de las relaciones comerciales entre
ambas potencias.
El representante comercial de
Estados Unidos Rob Portman anunció
la creación de una comisión para
enfrentar la competencia china.
Portman dijo que hay que
resolver con
rapidez dos áreas de tensión: las altas
tarifas impuestas por China a
autopartes provenientes de Estados
Unidos, y la piratería de la propiedad
intelectual de productos
estadounidenses. Si eso no se
resuelve, el gobierno de Washington
podría presentar demandas por
prácticas comerciales injustas contra
China ante la Organización Mundial de
Comercio (OMC).
Como parte de la ofensiva, el
secretario del Tesoro John Snow sugirió
la semana pasada que el gobierno
podría acusar a China de manipular su
divisa, en un informe a ser presentado
ante el Congreso en abril.
Esa denominación podría
obligar a
ambos países a mantener
conversaciones, y conducir
ulteriormente a sanciones comerciales
si Estados Unidos gana su caso ante
la OMC. Durante más de un año, el
gobierno se ha resistido a formular tal
designación, señalando que prefería la
diplomacia discreta para obligar a China
a frenar la devaluación de su moneda
en relación al dólar.
Fabricantes estadounidenses
han
acusado a China de manipular su divisa
y de mantenerla a un precio 40% inferior
a su verdadero valor. Eso hace que
los productos chinos sean muy baratos
en el mercado norteamericano, y que
los productos estadounidenses sean
muy costosos en China. |