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Vol. 6 No. 228

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Opinión

La justicia ciega

Por Jorge Mújica Murias “La justicia es ciega”, reza el refrán popular, queriendo decir que la justicia no debe fijarse en la persona a la que se le aplica la ley, en sus posesiones o bienes materiales, en su riqueza o su pobreza.  

Todos sabemos que no hay tal. La justicia más bien tiene unos anteojotes tamaño telescopio, y mira constantemente la lana de abogados y acusados. En Estados Unidos una persona nunca es condenada a muerte cuando le paga un par de millones de dólares a un abogado profesional y mañoso. Solamente los pobres, que por extraña coincidencia son en su mayoría afroamericanos o latinos, son condenados a la cárcel.  

Pero por una también extraña casualidad del destino, ocasionalmente, algún juez actúa de manera completamente imparcial.  

Ese es el caso del juez Durke G. Thompson, de la Corte del Circuito del Condado de Montgomery, en Maryland, que acaba de pararle los tacos al gobernador Republicano Robert L. Ehrlich Jr., devolviéndole la asistencia médica a 13 hijos ciudadanos de un grupo de inmigrantes legales, que los habían perdido a causa de un recorte en el presupuesto.  

“Poniéndome en los zapatos del gobierno”, dijo el juez, “no puedo pensar en ninguna razón fiscal lo suficientemente importante como para garantizar un corte en el presupuesto bajo estas circunstancias”. Thompson borró así de un plumazo el 12 de enero los cortes a un programa que proporcionaba asistencia a los inmigrantes legales que tenían más de cinco años en el país, y que los habían enviado a buscar otros programas de ayuda. Obviamente, los demás programas estaban hasta el gorro y la ayuda les había sido rechazada.  

Uno de los niños sufre de una enfermedad sanguínea que le ocasiona tumores, y una niña padece de una infección con el famoso Virus del Nilo, argumentos presentados ante la corte por parte del Legal Aid Bureau, organización no lucrativa que demandó al gobernador en noviembre. Un mes después, el Condado de Maryland se unió a la demanda.  

La justicia absurda  

Pero nunca falla. Siempre hay una de cal por una de arena. Anett Maldonado, a sus dos años de edad, está a punto de ser deportada por ser indocumentada. Entró a Texas sin papeles, con su madre. Su papá, Edgar Maldonado, lleva más de 20 años en Estados Unidos, es residente legal y está solicitando su ciudadanía. Tanto Anett como su madre debían tener derecho a una visa, como esposa e hija de un residente legal, pero se adelantaron y entraron antes de tiempo al país.  

El Departamento de Seguridad Nacional ordenó su salida del país en 120 días. Y además, acusó a Edgar de ser “coyote”, porque viajó de Atlanta a Texas para recoger a su hija cuando le avisaron que estaba en la cárcel y que posiblemente sería entregada a un orfanato, porque su madre también estaba encarcelada. Según la opinión del fiscal de la migra, Morris Onyewuchi, viajar de un estado a otro para ir por un indocumentado constituye el crimen de “tráfico de indocumentados”.  

Además, agrega el preclaro fiscal, Anett “es una niña y como niña es mejor que esté con su mamá”.  

Hasta ahí podríamos pensar que don Morris es simplemente estúpido, que todo el caso es una confusión, y que cualquier persona razonable corregiría la cuestión de inmediato.  

Pero no hay tal. El juez de la Migra le dio la razón a Morris, no a Edgar. El juez negó el permiso que Anett requiere para permanecer en el país mientras su papá realiza los trámites correspondientes para conseguirle una visa a su hija.  

La Migra se lava las manos diciendo que simplemente están cumpliendo las órdenes del juez. Edgar Maldonado dice que “pensé que Migración estaba para cuidar de que no entren terroristas y los que vienen para hacer un mal. pero esta niña no es un peligro para nadie y no les quita nada que la dejen quedarse conmigo”. Su abogado, Bob Beers, dice que su caso es bastante común. “Es indicativo de los múltiples problemas de las leyes migratorias actuales. No existe para nada la unión familiar. El tema migratorio no es blanco y negro, no es sólo legal e ilegal. Hay un área gris donde se destruyen familias cuando el esposo o la esposa son ciudadanos de Estados Unidos”.  

Ciego será el amor, que no pregunta por papeles. La justicia es, simplemente, absurda.

 
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