
La justicia
ciega
Por Jorge Mújica Murias
“La justicia es ciega”, reza el refrán
popular, queriendo decir que la justicia
no debe fijarse en la persona a la que
se le aplica la ley, en sus posesiones o
bienes materiales, en su riqueza o su
pobreza.
Todos sabemos que no hay tal.
La
justicia más bien tiene unos anteojotes
tamaño telescopio, y mira
constantemente la lana de abogados y
acusados. En Estados Unidos una persona
nunca es condenada a muerte
cuando le paga un par de millones de
dólares a un abogado profesional y
mañoso. Solamente los pobres, que por
extraña coincidencia son en su mayoría
afroamericanos o latinos, son
condenados a la cárcel.
Pero por una también extraña
casualidad del destino, ocasionalmente,
algún juez actúa de manera
completamente imparcial.
Ese es el caso del juez Durke
G. Thompson,
de la Corte del Circuito del
Condado de Montgomery, en Maryland,
que acaba de pararle los tacos al
gobernador Republicano Robert L.
Ehrlich Jr., devolviéndole la asistencia
médica a 13 hijos ciudadanos de un
grupo de inmigrantes legales, que los
habían perdido a causa de un recorte
en el presupuesto.
“Poniéndome en los zapatos del
gobierno”, dijo el juez, “no puedo pensar
en ninguna razón fiscal lo
suficientemente importante como para
garantizar un corte en el presupuesto
bajo estas circunstancias”. Thompson
borró así de un plumazo el 12 de enero
los cortes a un programa que
proporcionaba asistencia a los
inmigrantes legales que tenían más de
cinco años en el país, y que los habían
enviado a buscar otros programas de
ayuda. Obviamente, los demás
programas estaban hasta el gorro y la
ayuda les había sido rechazada.
Uno de los niños sufre de una
enfermedad sanguínea que le ocasiona
tumores, y una niña padece de una
infección con el famoso Virus del Nilo,
argumentos presentados ante la corte
por parte del Legal Aid Bureau,
organización no lucrativa que demandó
al gobernador en noviembre. Un mes
después, el Condado de Maryland se
unió a la demanda.
La justicia absurda
Pero nunca falla. Siempre hay
una de
cal por una de arena. Anett Maldonado,
a sus dos años de edad, está a punto
de ser deportada por ser
indocumentada. Entró a Texas sin
papeles, con su madre. Su papá, Edgar
Maldonado, lleva más de 20 años en
Estados Unidos, es residente legal y
está solicitando su ciudadanía. Tanto
Anett como su madre debían tener
derecho a una visa, como esposa e hija
de un residente legal, pero se
adelantaron y entraron antes de tiempo
al país.
El Departamento de Seguridad
Nacional ordenó su salida del país en
120 días. Y además, acusó a Edgar de
ser “coyote”, porque viajó de Atlanta a
Texas para recoger a su hija cuando le avisaron
que estaba en la cárcel y
que posiblemente sería entregada a un
orfanato, porque su madre también
estaba encarcelada. Según la opinión
del fiscal de la migra, Morris
Onyewuchi, viajar de un estado a otro
para ir por un indocumentado
constituye el crimen de “tráfico de
indocumentados”.
Además, agrega el preclaro
fiscal,
Anett “es una niña y como niña es mejor
que esté con su mamá”.
Hasta ahí podríamos pensar que
don
Morris es simplemente estúpido, que
todo el caso es una confusión, y que
cualquier persona razonable corregiría
la cuestión de inmediato.
Pero no hay tal. El juez de la
Migra le
dio la razón a Morris, no a Edgar. El
juez negó el permiso que Anett requiere
para permanecer en el país mientras
su papá realiza los trámites
correspondientes para conseguirle una
visa a su hija.
La Migra se lava las manos
diciendo
que simplemente están cumpliendo las
órdenes del juez. Edgar Maldonado dice
que “pensé que Migración estaba para
cuidar de que no entren terroristas y los
que vienen para hacer un mal. pero esta
niña no es un peligro para nadie y no
les quita nada que la dejen quedarse
conmigo”. Su abogado, Bob Beers, dice
que su caso es bastante común. “Es
indicativo de los múltiples problemas de
las leyes migratorias actuales. No existe
para nada la unión familiar. El tema
migratorio no es blanco y negro, no es
sólo legal e ilegal. Hay un área gris
donde se destruyen familias cuando el
esposo o la esposa son ciudadanos de
Estados Unidos”.
Ciego será el amor, que no
pregunta
por papeles. La justicia es,
simplemente, absurda. |