Por Humberto
Caspa, Ph.D
Samuel A. Alito Jr.
sigue volando y
continúa aleteando
con fervor rumbo a
la Corte Suprema de
Justicia. Durante el
proceso de confirmación, los
senadores demócratas no le han
podido cortar las alas a pesar de una
ronda de preguntas fulminantes. A
veces hicieron estremecer el
semblante agitado del juez
ítaloamericano, pero al final él siempre
ha sabido recomponerse. Si los
demócratas no utilizan la carta del
filibusterismo, es muy probable que
Alito encuentre un puesto en la mesa
redonda de la máxima corte jurídica del
país. Su curul está exactamente
ubicada en un extremo del lado derecho
de la mesa.
Es evidente que Alito no tiene
el
hermetismo conservador que
caracteriza a sus posibles colegas
Clarence Thomas y Antonin Scalía,
tampoco tiene la supuesta postura
apolítica de John G. Roberts, actual jefe
de la Corte Suprema de Justicia. Y si
alguna similitud existe entre él y Sandra
Day O´Connor –la juez a quien va a
reemplazar— es la pasión y la entrega
hacia la jurisprudencia. Por lo demás,
los dos son tan diferentes como las
Chivas del Guadalajara y el América
del Distrito Federal de México.
Para empezar, O´Connor es
mujer y
Alito no es simplemente hombre, sino
que tiene lo macho estampado en la
frente. De acuerdo a algunas versiones
recién encontradas, durante sus
estudios de licenciatura en la
Universidad de Princeton, Alito
perteneció a un grupo llamado Concerned
Alumni of Princeton (PAC). La
agenda más importante de este grupo
de estudiantes fue la de limitar el
número de mujeres y grupos
minoritarios en esa universidad.
Según Stephen R. Rujack, experto
en el historial de PAC, algunos miembros de esta
organización tuvieron
la osadía de escribir artículos en contra
de los latinos, negros y otros grupos
minoritarios de este establecimiento
educativo. Cuestionaron sus
capacidades intelectuales y también su
estadía. Recordemos que la universidad
de Princeton fue el forum donde Albert
Einstein generó parte de la teoría de la
relatividad. “Algunos simplemente no
saben ubicarse en el lugar que les
corresponde”, censuraron
componentes del PAC, haciendo
entrever que los alumnos
pertenecientes a los grupos étnicos,
incluyendo a mujeres, no deberían estar
tomando clases en ese recinto universitario de
prestigio.
Mas allá de la trivialidad y
magra
experiencia durante sus años mozos
como estudiante de licenciatura, Alito
se jactó ante el Presidente Ronald
Reagan de pertenecer a este grupo
misógino y xenófobo para adquirir una
promoción laboral dentro del
Departamento de Justicia. No
simplemente el presidente Reagan
accedió a su solicitud, sino que Alito
escaló puestos durante su
administración. Y hoy se encuentra
en pleno umbral de la corte más
poderosa del mundo.
Asimismo, en 1980 y también
como
empleado del Departamento de
Justicia, Alito sostuvo que la decisión
de Roe vs. Wade no fue un fallo
congruente. Este caso permite a las
mujeres el derecho al aborto por
razones de privacidad. En base a los
hechos y lo atestiguado por el juez
Alito, el derecho al aborto sería
revertido por una mayoría
conservadora en la Corte Suprema
de Justicia. Clarence Thomas y
Antonin Scalía ya apoyaron esta
medida. La historia dice que John Roberts
y Alito (si es confirmado)
apoyaran la versión de los dos
anteriores.
Por otra parte, en 1986 Alito
negó la
protección constitucional a unas personas
indocumentadas. Algunos
norteamericanos como los “hombres
del minuto” y obviamente Alito, creen
que esta gente extranjera, quienes en
su mayoría pertenecen a familias
latinoamericanas, no merecen que las
leyes norteamericanas los ampare.
Prefieren que los derechos
humanos
y especialmente los derechos
individuales de los indocumentados
sean violentados arbitrariamente. Lo
anterior es un acto flagrante contra la
Constitución del Estado y las normas
racionales de una sociedad moderna.
En todo caso, a pesar de que
no ha
querido hacer notar su posición
política e ideológica durante su
confirmación, la historia establece que
Alito es tan conservador como Antonin
Scalía. Sus fallos y su comportamiento
también han seguido una corriente
ideológica que se parece mucho a la
del magistrado Clarence Thomas. |