Por Humberto Caspa,
Ph.D
“Yo no olvido al año viejo
porque me ha dejao
(ibid) cosas muy buenas”, dice una cumbia
popular latinoamericana. A mí en el 2004 me fue
bien y supongo que a Ud. también. Me pregunto
si el año viejo fue positivo para el presidente
George W. Bush o no fue tan placentero como
a él le gustaría pintarlo. Yo creo que, como a
todos nosotros, al Presidente le fue bien y mal,
aunque el balance general se inclina más por el
primero que por el segundo. Veamos por qué.
“Me dejó una vaca...una burra...”,
prosigue la
canción pachanguera, enalteciendo los
parabienes del año pasado. Quiero pensar que
al presidente Bush, el año 2004 le deparó más
de una vaca y más de un semental holandés,
tomando en cuenta que su familia es acreedora
de uno de los ranchos más pintorescos de la
comarca tejana.
Ahora bien, en cuestiones de
burros, yo no
vi que tenga alguno. Ni la televisión ni la
prensa
escrita o los “paparazzis” fueron capaces de
tomarle unos “close-ups” junto a uno de estos
dóciles cuadrúpedos, aunque muchos sabemos
que Bush es un ávido colector de este tipo de
animales. Los tiene de todas las razas, colores
y tamaños: Güeros, morenos, amarillos,
pequeños y grandes; incluso uno que camina
maltrecho, con el corazón reconstruido,
semicalvo y una sonrisa macabra que irrita al
propio Presidente. ¿Será que los tiene
enjaulados en la Casa Blanca?
“Quiere más gasolina, dale más
gasolina...”,
dice otra canción popular de raíces
puertorriqueñas
que contagió a chicos y grandes durante
los últimos meses de Año Viejo. “La
gasolina” de Daddy Yankee hace alusión al
morbo humano, en particular a las debilidades
sexuales del hombre. La consagración de esta
canción se debe a la hecatombe que produjo la
crisis del petróleo y a la capacidad del
cantautor
de saber interpretar –como un sociólogo
experimentado— la coyuntura social del país.
El presidente Bush es uno de
los principales
“fans” de Daddy Yankee y estará celebrando
la llegada del Año Nuevo al ritmo del reguetón.
Las razones son obvias. Debido al incremento
exorbitante del precio de la gasolina, los
activos
del Presidente y los de una cúpula de
empresarios petrolíferos aumentó como nunca
durante el año 2005.
En consecuencia, al Presidente
no le fue tan mal como muchos piensan. Por lo
menos sus
negocios le produjeron muchos dividendos.
Sin embargo, en cuestiones de
política,
George W. Bush empezó mal el 2005 y terminó
peor. Y tal parece que el próximo año no le
depara nada bueno.
Inicialmente, la
administración Bush perdió la
brújula de la Guerra en Irak. En este momento
no existe un plan concreto y estratégico que
repare un conflicto militar que se ha convertido
en una guerra de guerrillas. Lamentablemente
para el Departamento de Defensa,
concretamente para el Pentágono, no existe un
precedente oficial en torno a la insurgencia
guerrillera. Los países subdesarrollados en
África y otros en América Latina saben más, o
por lo menos tienen más experiencia, en este
tipo de conflictos. Los Estados Unidos no tiene
nada tangible.
Así, la victoria en Irak está
cuesta arriba.
Mientras este conflicto militar subsista, la
democracia y las propuestas del buen gobierno
sirven muy poco.
Por otra parte, la economía
del país nunca
llegó a recuperarse totalmente del ataque
terrorista de Septiembre 11. Los indicadores
económicos del país son prueba clara de la
actual situación. Recientemente los negocios
de “retail” han empezado a dar a conocer las
ventas de fin de año. Con relación al año
anterior,
las ganancias han sido menores, lo cual es
muestra conspicua que la situación económica
del país no mejora. Por el contrario, pareciera
que empieza nuevamente a contraerse.
Tal parece que las vicisitudes
se apropian del futuro del presidente Bush. En
el
plano internacional, no existe una meta
clara en torno a la guerra en Irak; y en
el plano doméstico, la economía
empieza a mostrarle la espalda de
nuevo. La situación puede empeorar
si persiste su habitual animosidad contra
el partido Demócrata y una mayoría
de la población norteamericana.
Es tiempo que el Presidente
empiece
a escuchar a la gente y deje de hacerse
llevar por su necedad política y por una
cúpula de políticos que le han llevado
por el camino radical de la derecha.
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