Por Eduardo Stanley
El viernes 16 de diciembre, la Cámara de
Diputados de Estados Unidos aprobó una radical
propuesta de reforma a la ley de migración.
Pero aún cuando el tema de la migración promete
ser divisivo en las próximas elecciones
legislativas del 2006, las voces de los propios
inmigrantes están ausentes de este debate.
“No estamos participando”,
dijo Claudia (no su verdadero nombre), una
residente de Fresno
y madre de un hijo. “No sabemos a quién decirle
lo que pensamos”.
“Estamos preocupados por lo
que va a pasar”,
dice Rosa (no su nombre verdadero), de
Madera, trabajadora del campo y madre de
cuatro hijos. Para ella, otras propuestas para
implementar un programa de trabajadores
temporales que deje afuera a los casi 11
millones de indocumentados no tiene sentido.
“Sabemos que están hablando de
traer
trabajadores, que pasará entonces con
nosotros?”, se pregunta.
Rosa, quien lleva 15 años en
Estados Unidos,
asegura que no participa en el debate sobre
inmigración porque no sabe cómo o dónde
expresar sus preocupaciones. Ella también
critica a los activistas que apoyan a
los inmigrantes. “Los que conocen las
leyes deberían explicarnos las cosas”,
dice. “Necesitamos más información”.
Ambas mujeres comparten un
sentimiento de frustración. Durante
años han trabajado duramente para
mantener a sus familias, concientes de
su rol en la economía de los dos países,
y sin que nadie les pida su opinión aún
durante la discusión de políticas que
decidirán su suerte.
“Yo opino en el trabajo, con
los
amigos, y en la familia”, afirma José (no
su nombre verdadero), de Madera, padre
de cuatro hijos. “Pero en público es
diferente porque uno le tiene miedo a la
policía… Si pasa algo, te deportan”.
La propuesta recientemente
aprobada por los diputados por 239
votos contra 182, refuerza los controles
fronterizos, facilita las deportaciones y
aumenta el control sobre las empresas
que contratan indocumentados.
Además, pide la construcción de una
barrera de 700 millas a lo largo de la
frontera con México.
Y drásticamente convertiría a
los casi
11 millones de indocumentados en
criminales. La propuesta, presentada
por James Sensenbrenner
(Republicano - Winscosin) y Peter King
(Republicano - Nueva York), penalizará
a quien asista a indocumentados—
sean familiares, activistas religiosos u
otros.
Esta propuesta generó fuertes
críticas de numerosas organizaciones
religiosas, grupos defensores de los
derechos de los inmigrantes y sectores
democráticos, mientras el presidente
George W. Bush se limitaba en pedir
que se incluya un programa de
trabajadores temporales, sin
consideración de una posible amnistía
o regularización legal de quienes ya
viven y trabajan en este país.
Observadores políticos aseguran que
el Senado no aprobará esta propuesta,
pero sin duda marcará el tono del debate
que sobre inmigración veremos
durante 2006.
Los inmigrantes entrevistados
están
de acuerdo en que una amnistía es la
única forma en que podrían salir de las
sombras en que viven, en permanente
temor y con sentimientos de culpa. Ellos
comprenden la importancia de expresar
sus opiniones sobre el tema, pero como
explica Claudia, “los que hacen las
leyes tampoco se interesan por saber
qué pensamos”.
Para José, el medio más
importante
para expresarse es el periodismo
étnico. Ellos deberían hablar más con
estos periodistas, “para que sepan lo
que sentimos y que lo publiquen”.
Miguel Báez, editor del periódico en
español “Noticieros Semanal”, de
Porterville, publica la opinión de los
inmigrantes en su sección Cartas al
Editor.“Cuando preguntamos, la gente
no está de acuerdo con el plan de
trabajadores temporales, apoya una
amnistía”, comenta. “Donde vayas,
aparece esta opinión”.
“Nuestra audiencia participa
muy
poco en temas políticos, no sólo sobre
inmigración”, dice Carlos Ortíz, de Radio
Campesina en Bakersfield.
“Venimos de una cultura de
poca
participación política y de sociedades
donde los políticos le fallaron a la
población”.
Y también critica a los medios
en
español, “Los medios tenemos
responsabilidad en este proceso de
información, pero la mayoría sólo se
interesa en los ratings, en las ganancias
y no informan ni promueven la
participación social”, agrega,
refieriéndose a las nuevas cadenas
radiales en español que se están
extendiendo por todo el país.
Varios inmigrantes consultados
no
responsabilizan tanto a los medios en
español. “Muchos inmigrantes en el
Valle Central de California son indígenas
que no saben leer o escribir en
español”, explica Claudia.
La mejor manera de estar
informados,
comentan algunos de los entrevistados,
es por medio de reuniones comunitarias.
Pero Leonel Flores, activista de la
Unión de Ex-Braceros e Inmigrantes del
Valle, dice que muchas veces los
inmigrantes ni siquiera tienen voz dentro
de las organizaciones que pretenden
representarlos.
“Muchas organizaciones no nos
representan muy bien”, dice Claudia.
“Pero nosotros deberíamos exigirles
más”.
Para hacer que las voces de
los
inmigrantes sea escuchada, Flores
afirma que los grupos defensores de
los derechos de los inmigrantes
establezcan una agenda común y
presionen al Congreso, algo que aún
no se ha logrado.
Algunos inmigrantes dicen que
hay
debilidades entre los activistas. “Pienso
que este movimiento debería ser
liderado por los propios inmigrantes”.
Aunque también hay
autocríticas:
“Muchos piensan que toda la
responsabilidad es de las
organizaciones y por lo tanto se
desconectan, no participan”, dice
Claudia, quien reconoce que deben
hacer un esfuerzo. |