
¿Qué tan bueno
es un buen libro?
Por Ollin Nahui
¿Qué tan bueno es un buen
libro? Y
¿qué hace que un libro sea bueno? Se
pude decir que en gustos se rompen
géneros y de ahí que el determinar qué
hace a un libro bueno sea algo más o
menos imposible. Pero, también están
los que se dedican al estudio de ciertos
libros y de ahí surge la opinión de la
crítica que puede encumbrar o destruir
un escrito. O enriquecerlo.
En lo personal, un buen libro
es aquel
que no nada más aporta algo a mi pobre
entendimiento, sino que además me
hace desear leerlo más de una vez o
por lo menos, hacerlo una vez al año y
por todas las cosas que en sí encierra.
Esto hace que se conviertan en “los
libros de cabecera” que llamaban los
viejos de mi pueblo.
Uno de estos libros, se
publicó, o al
menos se firmó su publicación, hace la
friolera de cuatrocientos años. Por
supuesto que no tuvo la aceptación que
tiene hoy día o ni siquiera la concepción
que le damos en nuestro tiempo. Más
bien, era una novela para entretener o
divertir al lector o a quienes la
escuchasen leer. El comprender hoy la
manera de vivir en que se desarrolla la
acción tampoco puede facilitar su
lectura. Y sin embargo, se verán en
ella, costumbres y paisajes cotidianos
de ésta nuestra vida moderna.
Las quejas del autor, que
satiriza e
ironiza en el prólogo, muestran una
sociedad que esperaba que todas las
obras literarias estuviesen llenas de
cultura y con citas de los autores más
renombrados del conocimiento humano
de su época y de las pasadas.
“Sólo quisiera dártela monda y
desnuda, sin el ornato de prólogo, ni
de la innumerabilidad y catálogo de los
acostumbrados sonetos, epigramas y
elogios que al principio de los libros
suelen ponerse”.
No todo está perdido que el
hombre
propone y Dios dispone. En hora buena
un su amigo, “gracioso y bien
entendido” dice el autor, será quien le
convenza que siga adelante y saque a
la luz del mundo su famosa historia.
“¿Queréis ver si es verdad lo
que digo?
Pues estadme atento y veréis como en
un abrir y cerrar de ojos confundo todas
vuestras dificultades y remedio todas
las faltas que decís que os suspenden
y acobardan...”
Seguiría el amigo dando
solución a
cada una de las carencias que el autor
siente que tiene su obra y
recomendando... “no hay para qué
andéis mendigando sentencias de
filósofos, consejos de la Divina
Escritura, fábulas de poetas, oraciones
de retóricos, milagros de santos, sino
procurar que a la llana, con palabras
significantes, honestas y bien
colocadas salga vuestra oración y
período sonoro y festivo,... Procurad
también que, leyendo vuestra historia,
el melancólico se mueva a risa, el
risueño la acreciente, el simple no se
enfade, el discreto se admire de la
invención, el grave no la desprecie, ni
el prudente deje de alabarla...”
El autor da por buenas y
válidas las
razones de su amigo y decide que
sean el prólogo a su obra. La cuál
comienza con una serie de sonetos
a los que a partir de ese momento
se convertirán en los héroes de la
historia.
Entonces, entrarán a la
inmortalidad de la letras castellanas
y del mundo, aquello de “En un lugar
de la Mancha, de cuyo nombre no
quiero acordarme, no ha mucho
tiempo que vivía un hidalgo de los
de lanza en astillero, adarga
antigua, rocín flaco y galgo
corredor.” dando así inicio una de
las obras maestras de la literatura
universal. La Primera Parte del
Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la
Mancha, escrita por don Miguel de
Cervantes Saavedra.
A cuatrocientos años de su
publicación, acompañar hoy a don
Quijote, al gran Sancho Panza, a
Rocinante y el rucio, en sus tres
salidas, es recorrer caminos que
no importa cuantas veces se
recorran, siempre tendrán algo
nuevo por descubrir.
Tengan paz y salud.
In tlanextia in tonatiúh (que su sol
sea siempre brillante) |