Por Jorge Mújica
Murias
“Ante la incapacidad del gobierno del
presidente Vicente Fox para formular
una sola propuesta para alcanzar un
acuerdo migratorio con Estados
Unidos, diputados y senadores de
todos los partidos politicos
propusieron al secretario de
Relaciones Exteriores, Luis Ernesto
Derbez, una serie de acciones, entre
las cuales se incluye negociar con
autoridades estadounidenses un
permiso de trabajo temporal bajo el
esquema de diez meses de trabajo y
dos de estancia en México, o bien, dos
periodos de 5-2, previo depósito de
una fianza de 2 mil 500 dólares”.
Así dice el cable que circuló
esta
semana por las agencias noticiosas
mexicanas. Como a todo, le vemos una
cosa buena y cosa mala.
Lo bueno, es que es la primera
acción formal de parte de México para
ponerle algo en la mesa a los gringos
respecto a un eventual tratado
migratorio. En los cuatro años desde
que Fox le dijo a George W. Bush en el
jardín de la Casa Blanca que quería
“un tratado migratorio para este fin de
año”, el de 2001, no había pasado
nada.
Lo malo, es que los
legisladores
mexicanos todavía no le pegan al clavo
y no tienen idea de nuestra situación
en México del Norte.
Para variar, prácticamente se
suman
a la propuesta de George W. de
“trabajas y te vas”, una idea muy
cómoda para que aquellos en México
se están muriendo de hambre crucen
la frontera legalmente, sin Minutemen
ni serpientes ni calores ni fríos, y se
pongan a mandar remesas a lo bestia
antes de que se mueran de hambre
los familiares que dejaron atrás.
También es cómoda para Estados
Unidos, porque le permite saber por
adelantado a cuántos macuarros va a
poder contratar en la industria de la
construcción y pagarles el salario
mínimo, o a jornaleros agrícolas va a
envenenar en los campos del país
mientras recogen las cosechas bajo
salarios de cuatro centavos por cubeta
de fruta.
La iniciativa incluye un
“deposito en
garantía” de 2,250, que dicen los
diputados va a devolverse al
trabajador cuando vuelva a su lugar
de origen, y que en última instancia,
“es lo que pagaría el migrante al coyote
para poder cruzar la frontera
ilegalmente”.
Al otro lado del charco
Prácticamente al mismo tiempo
que
los congresistas mexicanos
aceptaban el “trabajas y te vas”, el
gobierno socialista español terminaba
un programa de legalización de sus
propios indocumentados.
Y también allá en la “madre
patria”
hay desventajas, pero por lo menos
hay más atención a la realidad. Desde
el cierre del programa de amnistía, que
los baturros llaman “blanqueo”, porque
significa reiniciar la vida del migrante
con un expediente “en blanco”, se
lanzan los operativos de control que
incluyen inspecciones laborales para
“detectar y sancionar a los
empresarios que sigan con-tratando
en negro”.
Y que no se ofenda otra vez
Jesse
Jackson: “en negro” quiere decir “sin
papeles”.
Pero también habrá sanciones a los
patrones que no hayan empezado a pagarle cuotas
a la Seguridad Social
por los trabajadores que ya tramitaron
su amnistía.
En otras palabras, ya no se
vale
contratar indocumentados, pero hay
que cubrirle las cuotas a los ex
indocumentados, que se calculan por
lo menos en unos 700,000.
De hecho, el gobierno español
dice
que el programa fue un gran éxito: “No
sólo alcanzamos sino que superamos
las metas previstas. Este ha sido un plan único”,
dice el ministro de Trabajo,
Jesús Caldera. “Se trata del mayor
proceso de afloramiento de economía
sumergida en Europa en los últimos 40
o 50 años”.
No le falta razón: Gracias a
la
Amnistía, a la Seguridad Social
española le entrará la bonita cantidad
de 1,400 millones de euros extras, unos
1,800 millones de dólares.
Pero el dinero no vendrá de
los
trabajadores, sino de los patrones. Por eso se
plantean las sanciones. El plan
no es perfecto, pero es mucho mejor
que el “trabajas y te vas” de Bush y los
diputados mexicanos.
Es más, un montón de mexicanos
van
a salir beneficiados. De hecho, Ecuador
y Colombia tienen miles de
migrantes en España, y América Latina
ya le gana a África como exportador
de migrantes a la madre patria. A la
mejor hay que ponerse a cruzar el
charco en vez de cruzar el río. |