A pesar de que en todo el
continente
americano existen áreas o zonas
potencialmente explosivas, la zona
central del territorio citado es la más
crítica y complicada. En esta pueden
integrarse Colombia, Centroamérica y
Chiapas (región sur de México limítrofe
con Guatemala).
Los dos extremos -Chiapas y
Colombia-
albergan movimientos
armados. Al norte, el Ejército Zapatista
de Liberación Nacional (EZLN) y al sur,
una mezcla verdaderamente peligrosa:
las FARC, ELN, Autodefensas Armadas
y grupos paramilitares. Tienen
todas estas organizaciones diversos
objetivos, pero en suma, se les
identifica por el uso de la violencia como
recurso de acción o presión.
En la referida región están
expandiéndose y consolidándose
violentas pandillas que se nutren de
jóvenes pobres y desempleados,
provenientes de los barrios o áreas
marginales. El ejemplo “paradigmático”
lo constituye la temible “Mara
Salvatrucha” ( MS-13).
Asimimso, la región se
constituye como una zona integral para la
producción, transporte,
almacenamiento y tráfico de drogas.
Siendo la cocaína la principal, seguida
de la mariguana y otras.
La potencial mezcla fatidica
“violencia
(armas) y droga”, está siendo
favorecida por la geografía regional, la
debilidad institucional de los gobiernos
y la rampante pobreza que golpea a
los grandes sectores sociales
marginados del área.
Geográficamente la región se
sitúa
en el “corazón de América”. Abundan
en la misma extensas áreas selváticas
que facilitan la oportunidad para la
concresión de acciones ilícitas.
Además, dos océanos se integran a la
misma. Ruta directa hacia el Oeste para
llegar a Asia. Y al norte, el codiciado
destino final de las operaciones:
vender la droga en el mayor mercado
de consumo del mundo.
La realidad de los gobiernos
(democracias inconsistentes) permite
que el crimen organizado supere la
capacidad de las policías civiles, y no
en pocos casos, infiltrándolas. Los
sistemas judiciales son incapaces de
enfrentar la amenaza o la venganza
de los delincuentes, plegándose a no
dictar sentencias, subestimar los
casos o como ya ha ocurrido,
dictaminando a favor de los
transgresores de la ley. Cada vez se
expande más la “compra de
voluntades” o la emisión de dictámenes
tribunalicios parcializados a favor de
los delincuentes. Los sistemas legales
operan entre el miedo y la venganza.
La alarmante pobreza que se
expande en la región, evidencia los
altísimos niveles de desempleo
vigentes. Irónicamente lo que los
gobiernos y las “iniciativas privadas”
del área no pueden lograr, el crimen
organizado lo está haciendo: ofrecer
“empleos” con tentadores salarios.
Se suma a las infames
condiciones
sociales prevalecientes en la región,
su vulnerabilidad hacia los frecuentes
y potenciados fenómenos naturales:
huracanes y terremotos, hechos que
provocan grandes males a su frágil
infraestructura y profundiza la
desesperación social.
Estos hechos sumados en su
totalidad, promueven una inestabilidad
generalizada en esa “zona roja de
América”, en cuyo caso se presentan
diversas ondas expansivas, dentro de
las cuales una es la inmigración ilegal.
La inmigracion ilegal es el
último recurso
para miles de miles de habitantes que
no pueden sobrevivir en condiciones
tan adversas y que siguen creyendo
firmemente en la moral y la ética del
trabajo, no caen en las redes de la
delincuencia y optan por buscar
mejores escenarios, en cuyo caso la
economía estadounidense se presenta
como el objetivo a conquistar: trabajar
fuerte, ganar en dolares, sobrevivir
con lo necesario y enviar remesas
periódicas a famliares que,
dolorosamente han quedado alejados
por tiempo y distancias.
Quiza una conclusión
importante es
que la solución a tan compleja realidad,
conlleva la implementación de medidas
regionales. No es posible tratar de
enfrentar y doblegar tan potenciados
males aisladamente. Ningún país involucrado en
el área citada puede
por si mismo, resolver la crisis si los
estados vecinos no actúan en la misma
dirección. Otra conclusión importante,
es que quizá los gobiernos de México,
Centroamérica y Colombia, pudiesen
establecer un plan operativo integral
para contrarrestar este letal fenómeno.
No haciendo alarde político de los
planes, no promocionando los hechos
en la arena pública a razón de
publicidad oeprativa, sino actuando
seriamente, porque la inacción tendrá
efectos fatales si no se enfrentan estos |